EL ÁRBOL DE LA VIDA
Todos somos arboles que hemos sido
plantados, con la semilla del amor,
que hemos sido regados por las
múltiples experiencias que han
enriquecido nuestro interior,
que nos han permitido crecer,
expandir nuestro poder y elevar
nuestra alma, hacia otros lugares
del gran saber.
Es a través de nuestras ramas intricadas,
por el paso de grandes batallas, que
podemos cobijar nuestras emociones,
soltar nuestras frustraciones, limpiar
nuestros recuerdos y fluir la ilusiones.
En este árbol que constantemente
hacemos crecer, debemos de procurar
que no enferme en su sabia interior,
que su flujo de energía, circule libre
sin bloqueos, ni estancamientos, que
todo le haga brillar hermosura, entereza,
dignidad y complicidad, para que quienes
busquen protección, la encuentren
bajo sus ramas y puedan abrazar ese
tronco con todo su amor.
Con el paso del tiempo, es verdad que
habrá ramas que se secaran, brotes nuevos
no fructificaran, otros sin embargo,
subirán vigorosos y nuevos frutos darán,
que le invitan a florecer esplendoroso,
en otras disciplinas que lo volverán
a llenar de alegría y buen hacer.
Quizas pasaremos por momentos de sequia,
y ansiosos buscaremos, esa agua bendita
con el que calmar nuestra sed, de
aprendizajes, conocimientos y poder.
Sin embargo, hay que andar con cuidado,
para que ninguna plaga nos puedan
enfermar y hasta matar, hay que protegernos
y saber discernir el bien del mal.
En este árbol de la vida solo nosotros,
podemos ser jardineros y cuidadores de él,
ayudarlo a seguir creciendo, formar a través
de él ese hogar, donde todos podamos sentirnos
seguros, alcanzar nuestro nirvana espiritual.
Ilesin 16/7/20